Editorial Número 18 de Boletín Drosophila

Número 1850.000 euros por su cabeza. No es una recompensa, sino lo que desembolsó el dentista Walter James Palmer por cazar al famoso león Cecil. El hecho ocurrió en Zimbabwe y fue una de esas noticias que dio la vuelta al mundo durante el pasado verano.

No escribiré los detalles de aquella cacería que de seguro ya conocéis. Como ya comenté en el artículo Jaque al rey de la selva, convivir con leones cerca no es fácil. Y cuando la cacería aporta grandes beneficios la solución parece evidente. Sólo en Sudáfrica, la caza de trofeos (incluyendo leones, elefantes, rinocerontes, etc.) alcanza los 91,2 millones de dólares al año. Ese dinero se reparte entre el estado (que vende los permisos de cacería) y las manos privadas que ofrecen el servicio. En países más pobres la trama es más sencilla. Basta con pagar a un guía para que este engañe a un león y le haga salir del parque que le protege.

En este punto me gustaría recordar la historia de otro león que me vino a la cabeza al conocer el destino de Cecil. Se trata de Aslan, un hermoso león blanco (que no albino). Aslan vive en uno de los parques que Kevin Richardson, el Susurrador de Leones, ha construido en Sudáfrica para salvar a la especie. En marzo de este año fue el foco de cámaras y se convirtió en parte de un anuncio publicitario. Resulta que Aslan se había roto un colmillo y era incapaz de cazar ni comer. Estaba condenado a muerte y Kevin no podía hacer nada por él ya que la operación para salvarlo era bastante costosa.

Sin embargo, una empresa de adhesivos para dentaduras, Cuquident, vio en Aslan la posibilidad de promocionarse y de hacer algo por los leones. Por ello pagó los implantes dentales de Aslan y los servicios veterinarios que necesitaba. Incluso hasta le hicieron un hashtag: #savingaslan.

Dientes aparte, la misión del Susurrador de Leones es admirable. Ha impulsado la creación parques en Sudáfrica para ayudar a la conservación de leones, guepardos, leopardos y hienas. Además de trabajar en la producción de películas como White lion o documentales en los que muestran que estos animales no son tan crueles.

Me gustaría que las iniciativas y noticias surgidas de proyectos como los de Kevin dieran también la vuelta al mundo. La conservación no es un camino de rosas, pero a veces parece más fácil cuando conoces estas historias.

 

Puedes descargarte el número 18 de Boletín Drosophila aquí.

 

 

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Acerca de Tsalawaly

Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental por la Universidad Pompeu Fabra. Presidente de la Asociación Cultural de Divulgación Científica Drosophila. Editor de la revista Boletín Drosophila. Ver todas las entradas de Tsalawaly

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