Editorial Monográfico Antártida de Boletín Drosophila

Portada MADesde que nuestra especie salió de África, le tomó sólo unos pocos de años expandirse por todos los continentes y colonizar sus diversos hábitats. El aislamiento geográfico de la Antártida nos impidió colonizar su horizonte. La climatología y las pocas oportunidades que ofrecían sus tierras hicieron que los humanos llegásemos con cuentagotas. Cazadores de focas, balleneros, marineros, exploradores, aventureros… El hielo que gobierna y subyuga a sus habitantes resulta ser su mejor guardián.

Su mayor tesoro, como descubriréis en este monográfico con permiso de los grandes vertebrados, se encuentra bajo el hielo. Y es que la diversidad de las plataformas continentales antárticas rivaliza con los arrecifes de coral tropicales. En estas páginas os proponemos asomaros a ese mundo desconocido y asombroso. Un tesoro que empieza a sufrir los primeros efectos de compartir planeta con el ser humano.

Las especies invasoras, polizones del interés por el misterio de la Antártida, han llegado hasta las islas donde hemos construido asentamientos. Por ejemplo, la gramínea Poa annua llegó en el calzado de turistas y científicos. Una planta de menos de 30 centímetros que crece en nuestros jardines y que ahora desafía el frío antártico.

Otra de las amenazas, quizás la más importante, que afronta la biodiversidad de la Antártida es el cambio climático. La subida de la temperatura de los océanos podría poner en riesgo sus ecosistemas exclusivos al reajustar la distribución de las especies. La posibilidad de que animales como los cangrejos rey lleguen a la plataforma continental preocupa a los expertos. Los animales que allí habitan han evolucionado sin la presión depredadora de estos crustáceos. Podríamos ver el ocaso de muchas especies si por causa de la subida de la temperatura llegan a la zona.

Dicen que no se protege lo que no se conoce. Por eso este número temático, para que el lector comprenda que la Antártida no es un yermo de hielo. Pero con esta publicación también queremos homenajear a aquellos científicos que se lanzan al estudio de esta tierra. En especial a cuatro científicos españoles: Antoni Ballester, Josefina Castellví, Agustín Julián y Joan Rovira. En los ochenta ellos comprendieron que debíamos estar allí. Había que investigar y comprender aquel mundo. En el año 1986, con ayuda de sus colegas de Polonia, organizaron una expedición para encontrar el emplazamiento de la que podría ser la primera base española en la Antártida. Su empeño dio sus frutos en 1988 cuando se abrió la Base Antártica Española Juan Carlos I, en la península Hurd de la isla Livingston, que es gestionada por la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Todo un ejemplo de perseverancia que debería inspirar la ciencia de hoy en día.

 

Puedes descargarte el monográfico de Boletín Drosophila aquí.

 

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Acerca de Tsalawaly

Licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla. Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental por la Universidad Pompeu Fabra. Presidente de la Asociación Cultural de Divulgación Científica Drosophila. Editor de la revista Boletín Drosophila. Ver todas las entradas de Tsalawaly

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