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Editorial Número 18 de Boletín Drosophila

Número 19Las setas, cuerpo fructífero de los hongos, están de moda. Hace unos años, si nos preguntaban por el nombre de alguna, muchos no llegábamos más allá del champiñón de la pizza y esa que es roja con puntos blancos. Y si nos pedían el nombre científico… eso ya era cosa de frikis. Pero hoy en día el mundo de la micología está en auge en España. Y no precisamente en el ámbito académico. Las guías o las actividades relacionadas con la micología cada vez son más frecuentes. Digamos que “crecen como setas”.

Alrededor de aquellas variedades comestibles ha surgido todo un entramado económico. Recolectores que se sacan una paga extra, restaurantes que las incluyen en sus mejores platos, empresas que las distribuyen. En los últimos años ha surgido incluso una nueva modalidad de turismo, el micológico, que se engloba dentro de aquellas ofertas para disfrutar de la naturaleza. En su conjunto, se estima que los negocios relacionados con la setas mueven unos 2.000 millones de euros al año en España.

Ante esta oleada se nos presenta un nuevo problema. Y es que como denuncian algunas personas del sector, en España no hay una legislación que regule la compra-venta de setas. Para decirlo claro, se mueve mucho dinero negro.

Pero el problema también está en la búsqueda de “dinero fácil”. Como si fueran buscadores de oro, muchos pueblos se han visto inundados de recolectores, tanto legales como ilegales, ajenos a la zona. Tengamos en cuenta que por un kilo de la seta más valorada, Amanita caesarea, este año se ha pagado 120 euros. Así, los ayuntamientos han respondido dando sólo permisos de recolección a los vecinos de los pueblos. En Cataluña se plantean incluso la expedición de tres carnets distintos para la recogida de setas. Pero no hay, ni se la ve en el horizonte, una legislación a nivel nacional que regule la recogida de setas.

Y puede ser que no solamente sea un problema económico o social. ¿Qué pasa con la carga de recolección que pueden soportar las poblaciones de setas? Las licencias que se dan, ¿tienen en cuenta criterios de sostenibilidad que garanticen la supervivencia de las especies y del recurso? El pasado noviembre, la provincia de Granada sacó una normativa bastante novedosa. En ella, por ejemplo, se tiene en cuenta la no destrucción del suelo cuando se recogen setas o la función ecológica de aquellas que no son aptas para el consumo. Esperamos que ejemplos como éste acaben desembocando en regulaciones más ambiciosas.

Si la legislación no termina de acudir al rescate de la biodiversidad, la solución puede estar en la domesticación. Por este camino se podría satisfacer gran parte de la demanda. Aunque de momento no todas las setas son cultivables, algunas se resisten de momento a entrar en la granja.

En este número queremos rendir homenaje a las setas que han desfilado frente a las cámaras de nuestros lectores. Han sido las protagonistas, sean comestibles o no, de la II edición del Concurso “Sé Portada de Boletín Drosophila”.

 

Puedes descargarte el número de Boletín Drosophila aquí.

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Editorial Monográfico Antártida de Boletín Drosophila

Portada MADesde que nuestra especie salió de África, le tomó sólo unos pocos de años expandirse por todos los continentes y colonizar sus diversos hábitats. El aislamiento geográfico de la Antártida nos impidió colonizar su horizonte. La climatología y las pocas oportunidades que ofrecían sus tierras hicieron que los humanos llegásemos con cuentagotas. Cazadores de focas, balleneros, marineros, exploradores, aventureros… El hielo que gobierna y subyuga a sus habitantes resulta ser su mejor guardián.

Su mayor tesoro, como descubriréis en este monográfico con permiso de los grandes vertebrados, se encuentra bajo el hielo. Y es que la diversidad de las plataformas continentales antárticas rivaliza con los arrecifes de coral tropicales. En estas páginas os proponemos asomaros a ese mundo desconocido y asombroso. Un tesoro que empieza a sufrir los primeros efectos de compartir planeta con el ser humano.

Las especies invasoras, polizones del interés por el misterio de la Antártida, han llegado hasta las islas donde hemos construido asentamientos. Por ejemplo, la gramínea Poa annua llegó en el calzado de turistas y científicos. Una planta de menos de 30 centímetros que crece en nuestros jardines y que ahora desafía el frío antártico.

Otra de las amenazas, quizás la más importante, que afronta la biodiversidad de la Antártida es el cambio climático. La subida de la temperatura de los océanos podría poner en riesgo sus ecosistemas exclusivos al reajustar la distribución de las especies. La posibilidad de que animales como los cangrejos rey lleguen a la plataforma continental preocupa a los expertos. Los animales que allí habitan han evolucionado sin la presión depredadora de estos crustáceos. Podríamos ver el ocaso de muchas especies si por causa de la subida de la temperatura llegan a la zona.

Dicen que no se protege lo que no se conoce. Por eso este número temático, para que el lector comprenda que la Antártida no es un yermo de hielo. Pero con esta publicación también queremos homenajear a aquellos científicos que se lanzan al estudio de esta tierra. En especial a cuatro científicos españoles: Antoni Ballester, Josefina Castellví, Agustín Julián y Joan Rovira. En los ochenta ellos comprendieron que debíamos estar allí. Había que investigar y comprender aquel mundo. En el año 1986, con ayuda de sus colegas de Polonia, organizaron una expedición para encontrar el emplazamiento de la que podría ser la primera base española en la Antártida. Su empeño dio sus frutos en 1988 cuando se abrió la Base Antártica Española Juan Carlos I, en la península Hurd de la isla Livingston, que es gestionada por la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Todo un ejemplo de perseverancia que debería inspirar la ciencia de hoy en día.

 

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Editorial Número 18 de Boletín Drosophila

Número 1850.000 euros por su cabeza. No es una recompensa, sino lo que desembolsó el dentista Walter James Palmer por cazar al famoso león Cecil. El hecho ocurrió en Zimbabwe y fue una de esas noticias que dio la vuelta al mundo durante el pasado verano.

No escribiré los detalles de aquella cacería que de seguro ya conocéis. Como ya comenté en el artículo Jaque al rey de la selva, convivir con leones cerca no es fácil. Y cuando la cacería aporta grandes beneficios la solución parece evidente. Sólo en Sudáfrica, la caza de trofeos (incluyendo leones, elefantes, rinocerontes, etc.) alcanza los 91,2 millones de dólares al año. Ese dinero se reparte entre el estado (que vende los permisos de cacería) y las manos privadas que ofrecen el servicio. En países más pobres la trama es más sencilla. Basta con pagar a un guía para que este engañe a un león y le haga salir del parque que le protege.

En este punto me gustaría recordar la historia de otro león que me vino a la cabeza al conocer el destino de Cecil. Se trata de Aslan, un hermoso león blanco (que no albino). Aslan vive en uno de los parques que Kevin Richardson, el Susurrador de Leones, ha construido en Sudáfrica para salvar a la especie. En marzo de este año fue el foco de cámaras y se convirtió en parte de un anuncio publicitario. Resulta que Aslan se había roto un colmillo y era incapaz de cazar ni comer. Estaba condenado a muerte y Kevin no podía hacer nada por él ya que la operación para salvarlo era bastante costosa.

Sin embargo, una empresa de adhesivos para dentaduras, Cuquident, vio en Aslan la posibilidad de promocionarse y de hacer algo por los leones. Por ello pagó los implantes dentales de Aslan y los servicios veterinarios que necesitaba. Incluso hasta le hicieron un hashtag: #savingaslan.

Dientes aparte, la misión del Susurrador de Leones es admirable. Ha impulsado la creación parques en Sudáfrica para ayudar a la conservación de leones, guepardos, leopardos y hienas. Además de trabajar en la producción de películas como White lion o documentales en los que muestran que estos animales no son tan crueles.

Me gustaría que las iniciativas y noticias surgidas de proyectos como los de Kevin dieran también la vuelta al mundo. La conservación no es un camino de rosas, pero a veces parece más fácil cuando conoces estas historias.

 

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